“Vigilia de oración interreligiosa para la Marcha del Orgullo”: El profesor Bouscau escribe al obispo Ulrich

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Articulo original : https://www.medias-presse.info/veillee-de-priere-interreligieuse-pour-la-marche-des-fiertes-le-professeur-bouscau-ecrit-a-mgr-ulrich/245789/

por Léo Kersauzie – 25 de junio de 2026 – Traducido por Elisa Hernández

Texto del cartel: “Vigilia de oración interreligiosa para la Marcha del Orgullo, Viernes 26 de junio 2026 ¡Celebremos la diversidad en la fe, en la fraternidad y en la sonoridad!”

Este viernes 26 de junio de 2026, el párroco de la iglesia de Saint Eustache, en el primer distrito de París, tiene previsto celebrar una vigilia de oración interreligiosa por la Marcha del Orgullo LGBT, de 19:30 a 21:00. ¿Cómo es posible que el clero de esta iglesia esté tan totalmente en desacuerdo con la doctrina católica en su totalidad? ¿Y cómo es que el arzobispo de París, monseñor Ulrich, parece cómplice con su silencio, que equivale a una aprobación?

Civitas International ya había dado la voz de alarma en sus redes sociales hace unos días.

Hoy, es el profesor Bouscau , presidente de la Asociación de Santa Geneviève, quien se dirige al obispo Ulrich.

Léo Kersauzie


Las marchas del orgullo son una demostración de aprobación y celebración de las transgresiones sexuales de todo tipo

De: Franck BOUSCAU,
Catedrático de Derecho.
Abogado honorario del Tribunal de París.

París, 24 de junio de 2026,

A la atención de Monseñor Ulrich,
Arzobispo de París

Monseñor:

Ya me dirigí a usted recientemente —y por cierto sin resultado alguno— a propósito de los espectáculos, a veces escandalosos y siempre carentes de valor religioso, organizados en  varias iglesias parisinas y que usted autorizó con ocasión de la Noche en Blanco. 

Esta vez se trata de una «Vigilia de oración interreligiosa por la Marcha del Orgullo», conocida comúnmente como «Orgullo Gay», anunciada mediante carteles. Esta vigilia tendrá lugar el viernes 26 de junio a las 19:30 horas en un salón parroquial de la iglesia de Saint-Eustache (en París), perteneciente a su diócesis.

Desde el primer momento se plantea una cuestión de principio: ¿debería la Iglesia Católica velar y orar, y subsidiariamente prestar o alquilar sus locales, en vista de un tal acontecimiento?

El título «vigilia por» ya indica la postura de los organizadores: no se trata de una protesta (en cuyo caso debería llamarse «vigilia contra») ni de un llamado a la conversión. Como en McDonald’s, si se me permite la expresión, toman a las personas tal como son.

Quiero dejar claro, para evitar cualquier ambigüedad, que mi intención no es criticar a los homosexuales, sino la manifestación.

Se puede ser homosexual y cristiano, al igual que se puede ser alcohólico y cristiano, o pecador y cristiano (de hecho, generalmente todos nos encontramos en este último caso, Usted y yo incluidos, supongo), siempre y cuando uno procure corregirse. Pero en ningún caso se puede convertir el propio defecto en una señal de pertenencia legítima ni en una virtud digna de ser difundida.

El Catecismo de la Iglesia Católica, al abordar la cuestión de la homosexualidad (núms. 2357-2359), rechaza cualquier aprobación de los actos homosexuales, pero aboga por una actitud de acogida hacia las personas, a las que anima a la oración, a la castidad y al deseo de conversión (pero, evidentemente no al exhibicionismo ni a la propaganda…).

Por tanto, parece lógico que la Iglesia atienda a los homosexuales de una forma pastoral adecuada, tal y como lo hace con los demás. Quienes experimentan estas inclinaciones son, en cierto modo, víctimas de ellas. Pero la ayuda que se les brinda o la atención pastoral que se les dirige no constituyen una aprobación ni una incitación (del mismo modo que no se le dice a los alcohólicos: «bebed, estáis perdonados. Y, además, ¡animad a otros a beber!»).

La existencia en las comunidades cristianas de toda clase de pecadores que procuran corregirse es algo natural; no lo es, en cambio, el proselitismo de una tendencia elevada a la categoría de contramodelo.

Por ello, cuando san Pablo abordó el tema de la convivencia entre cónyuges cristianos y paganos, hizo hincapié en la necesidad de evitar cualquier aumento de la influencia pagana.

Aquí no nos encontramos en absoluto ante la misma lógica. Por el contrario, la Marcha del Orgullo es una manifestación de aprobación y celebración de transgresiones sexuales de todo tipo. Promueven una cultura destructiva —la cultura de la muerte de la que hablaba Juan Pablo II—, una cultura que antepone el placer inmediato en detrimento de la familia, las tradiciones y la cristianidad. Añadamos que suele desarrollarse en un ambiente de anarquía hedonista y de mal gusto, buscados y asumidos. De hecho, muchos homosexuales se distancian de esta farsa escandalosa y no sienten en absoluto identificados con el lobby que la impulsa.

Concluyo que la Iglesia de París se equivoca al embarcarse en una iniciativa de este tipo.

Carácter «interreligioso»

Además, este anuncio peca también por otro aspecto: su carácter «interreligioso». La reunión convoca a grupos cuya incompatibilidad con el catolicismo es indiscutible. Se anuncia la participación de protestantes, musulmanes, judíos y, sin duda, de otros grupos más (que, por cierto, suelen ser sectores marginales dentro de sus propias religiones, pues ni la Sinagoga ni la Mezquita comparten, ni mucho menos, esta apertura gay friendly). Esto se opone diametralmente al derecho canónico, que prohíbe la communicatio in sacris , la concelebración con no católicos, incluso con aquellos que están más próximos a la Iglesia, y los excluye de toda acción litúrgica. ¿Es suficiente, entonces, con salir de la liturgia y centrarse en la oración para que desaparezcan de golpe todas las barreras?

Y, puesto que se trata de una vigilia de oración, cabe preguntarse a qué dios se rezará… ¿Acaso no está escrito en el Evangelio que «quien no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió» (Jn 5,23)? Para sortear esta dificultad, durante la jornada interreligiosa de Asís en 1986 (que suscitó numerosas críticas y reticencias, incluso por parte del cardenal Ratzinger, futuro Benedicto XVI y autor de la declaración Dominus Jesus sobre la unicidad de la salvación en Jesucristo), se afirmó que se trataba de «estar juntos para orar» y no de «orar juntos»… Además, a raíz de las objeciones planteadas por diversos teólogos, en los encuentros de 2011 y 2016 los cristianos y los no cristianos oraron en lugares distintos. En este caso, cabe dudar de que esta sutileza interese a quienes, ante todo, están ahí para promover la causa muy profana (por decirlo suavemente) del Orgullo Gay.

Una empresa de alineamiento de la Iglesia con la modernidad más anticristiana 

Al prestar sus instalaciones a tal evento, la Iglesia de París se convierte en cómplice de un intento por alinearse con los aspectos más anticristianos de la modernidad. En lugar de predicar oportunamente, da piedras a quienes debe dar pan. Escandaliza a quienes ya están dentro con un mensaje que contradice la doctrina católica y engaña a quienes están fuera, dejándolos encerrados en sus propios errores.

Ya con ocasión de la Noche en Blanco, su aceptación demostró una gran complacencia hacia los proyectos del Ayuntamiento socialista-ecológico de París. Una vez más, se evidencia el caracter progresista, izquierdista y, por consiguiente, anticristiano del evento, y cabría esperar que un defensor fidei (defensor de la fe) se alzara contra estos nuevos bárbaros…

Dado que el arzobispado tiene la desafortunada costumbre de no responder a las reclamaciones que se le dirigen, me considero en libertad de hacer pública la presente y remitiré una copia a Monseñor el Nuncio Apostólico.


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