Noche en Blanco en las iglesias: el profesor Bouscau responde al párroco de la iglesia Saint-Laurent

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Articulo original https://www.medias-presse.info/nuit-blanche-dans-des-eglises-le-professeur-bouscau-repond-au-cure-de-saint-laurent/244758

por Léo Kersauzie — 15 de junio de 2026 – Traducido por Elisa Hernández

El uso profano de iglesias y capillas parisinas para el programa de la Noche en Blanco (cuya dirección artística se había encomendado a Barbara Butch) no deja de suscitar polémica. El párroco de la iglesia de Saint-Laurent, en el distrito 10 de París, ha publicado un comunicado en el que intenta, de forma torpe, justificar el hecho de haber acogido a la artista “queer” Marie-Luce Nadal para dejarla hacer lo que le diera la gana en dicha iglesia. El profesor Franck Bouscau, presidente de la Asociación Sainte Geneviève Paris (Santa Genoveva de París), le responde.


[Comunicado]

París, 12 de junio de 2026.

En un comunicado de retórica confusa, el señor párroco de la iglesia de Saint-Laurent (en el décimo distrito de París) intenta justificar la autorización que concedió para que se celebrara en dicha iglesia un espectáculo organizado por el Ayuntamiento de París en el marco de la Nuit Blanche (Noche en Blanco) el sábado 6 de junio de 2026. Como es sabido, este acto fue interrumpido por fieles católicos que consideraban que no tenía cabida en una iglesia.

Obispo y párroco culpables

En su afán por justificarse, el señor párroco olvida incluso la única circunstancia atenuante a su favor, a saber, que esta profanación fue autorizada por su obispo, quien, por lo tanto, también es culpable. Culpable de falta de respeto hacia el lugar sagrado, culpable de complacencia hacia los enemigos de la fe, culpable de dar a los fieles las piedras de la modernidad en lugar del pan de la fe, culpable, en definitiva, de haber violado las leyes. La ley de los hombres, esa funesta ley de separación entre la Iglesia y el Estado, que al menos tiene la ventaja de afirmar que las iglesias están destinadas al culto y solo a eso, y la ley canónica (canon 1210), que establece que en un lugar sagrado solo se admitirá aquello que sirva o favorezca el culto, la piedad o la religión, y que allí estará prohibido todo lo que no sea conforme a la santidad del lugar. Cabe señalar, de paso, que el señor párroco tergiversa el sentido de este canon para que avale precisamente lo que este prohíbe.

Para justificarse, el señor párroco aísla la obra presentada en su iglesia del conjunto, es decir, un ciclo de festividades organizado por el ayuntamiento social-ecologista a través de Barbara Buch, militante feminista y lesbiana que fue la protagonista de la escandalosa parodia de la Última Cena durante las blasfemas ceremonias de inauguración de los Juegos Olímpicos.

Dime con quién te juntas…

Iglesia abierta al mundo entero, excepto a los católicos que vienen a rezar el rosario

Nos confiesa que este acto debía ocupar dos tercios de la iglesia, reduciendo el espacio sagrado a lo mínimo indispensable. Nos suelta las típicas trivialidades sobre el “público diferente”, el supuesto arte contemporáneo, la obra que permitiría a personas “que rara vez visitan las iglesias” plantearse preguntas sobre el sentido de su vida y la verdad del Evangelio. La iglesia que no es solo de piedra, el mundo que viene a nosotros (?), el deseo de sacar a los desdichados “de la humillación”… No hay nada de espiritualidad en todo eso… Solo una visión complaciente y miserabilista del mundo al que no se le acusa de nada. Parece que el señor párroco tiene mucha menos consideración por aquellos que tienen “celo por la pureza de nuestros templos de piedra”, “defensores de la pureza del lugar que no tienen ningún vínculo con mis feligreses”. Abierta al mundo entero, sobre todo al no cristiano, la parroquia de la iglesia de San Lorenzo (Saint Laurent) parece cerrada a esos otros católicos que tienen el proyecto, probablemente escandaloso, de rezar el rosario en una iglesia en lugar de dejar que en ella florezca la creatividad contemporánea…

Culto al hombre

El párroco de la iglesia de San Lorenzo reprocha a quienes han cuestionado su iniciativa que utilicen el nombre de Dios de forma indebida. Le dejamos a él la responsabilidad de esta grave afirmación ante Dios. Y observamos, en cualquier caso, que esta crítica no puede volverse contra él. De hecho, la invocación del santo nombre, de la grandeza divina o del culto que se le debe están totalmente ausentes de su comunicado. Quizás esto pueda escandalizar a sus invitados de hoy… Y sin duda es una aplicación del «culto al hombre» promovido desde el último Concilio.

De paso, nos permitimos dudar de que los auténticos desdichados, los pobres, si lo entendemos bien (“la humillación”), estén muy interesados en venir a admirar las bellezas del arte contemporáneo y de que eso les proporcione algún tipo de alivio. Son auténticas piedras para quienes piden pan.

En cuanto a los destinatarios del evento, se trata, por un lado, de personas que prescinden de la fe y la consideran obsoleta o alienante y, por otro, de algunos “burgueses bohemios” que temen perderse el tren de la modernidad y de los colaboradores del progresismo político y cultural. La difusión del Evangelio no tiene nada que ver con la papilla modernista que alimenta sus iniciativas. ¿Han contribuido los encuentros del señor párroco durante la Noche en Blanco a la gloria de Dios, al resplandor de la fe, a la conversión de los pecadores? No nos lo dice y se limita a regocijarse por unas cuantas palabrillas.

Parece que el señor párroco de Saint-Laurent ha perdido de vista su verdadera vocación: al parecer, habría aspirado a ser reconocido como organizador de espectáculos. Eso no es motivo para convertir su iglesia en un lugar de atracciones.

La Iglesia de Jesucristo está abierta a todos, pero la condición para entrar en ella es vestirse con traje de bodas (Mt 22, 11-14).

Franck Bouscau, presidente de la Asociación Santa Genoveva de París

Un comunicado que merecería difundirse ampliamente entre los feligreses parisinos.




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