por Pierre-Alain Depauw — 5 de junio de 2026 – Traducido por Elisa Hernández

Un empresario escribe al arzobispo de París
Antonio Impellizzeri participa habitualmente en programas sobre economía. Cuenta con formación como contador, así como con un máster 2 en gestión de centros sociales y sociosanitarios.
Ha sido responsable de contabilidad en el sector industrial, luego director financiero de un gran hospital y director de una residencia de ancianos, con una etapa en la enseñanza como profesor de economía y gestión.
Es empresario desde hace más de 15 años en el sector de los servicios de asistencia a domicilio y, desde hace un año, es presidente y fundador de un nuevo sindicato patronal dedicado a las microempresas y pymes, el CSIERP (Colectivo Sindical Interprofesional de Empresarios Resilientes y Proactivos).
También es un católico orgulloso de su fe y, en calidad de tal, se dirigió a Monseñor Ulrich, arzobispo de París, para pedirle que no permitiera que las iglesias y capillas parisinas se utilizaran para la programación de la «Nuit Blanche» (la Noche en Blanco), cuya dirección artística ha sido conferida por el Ayuntamiento de París a Barbara Butch, activista LGBT y participante principal en la representación blasfema organizada durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París.
A continuación, publicamos una copia de la carta que envió a monseñor Ulrich.
De : Senor Antonio IMPELLIZZERI En Saint-Dizier, el 2 de junio 2026
Tél.
A : Monsenor ULRICH, Arzobispo de Paris
Asunto: solicitud urgente de intervención
Monseñor Ulrich, Arzobispo de París
Monseñor:
Como fiel católico, vengo a solicitar su intervención urgente en un asunto que afecta al honor de la Iglesia y a la protección de su rebaño.
La ciudad de París, que ha caído en manos de dirigentes progresistas, ha decidido organizar unas festividades muy alejadas del cristianismo el sábado 6 de junio de 2026, en el marco de la «Noche en Blanco» (Nuit Blanche), y confiar su dirección a la señora Barbara Butch. Esta persona es conocida, en particular, por haber encabezado una parodia blasfema de la Última Cena de Leonardo da Vinci durante la escandalosa ceremonia de apertura de los últimos Juegos Olímpicos.

Con cierta emoción y un profundo rechazo, mis amigos, mis seres queridos y yo mismo nos hemos enterado de que el evento previsto, ya de por sí escandaloso (y financiado por todos los contribuyentes), incluía actos dentro de varias iglesias. Nos parece imprescindible que la diócesis reaccione para condenar este uso indebido de los lugares de culto.
No hace falta que les explique a ustedes el principio de que no se deben celebrar espectáculos profanos en las iglesias. Una actividad de este tipo, aunque no tuviera nada de escandaloso, no se corresponde a la finalidad del edificio, y el clero nunca debe dar su consentimiento.
Canon 1210 del Código de Derecho Canónico
A este respecto, les recordaré las disposiciones de un documento romano del 5 de noviembre de 1987 emitido por la Congregación Romana para el Culto Divino, que precisa que las iglesias sirven como lugar de reunión del Pueblo de Dios y de celebración de los sacramentos y otras acciones litúrgicas, y que no se trata de lugares públicos disponibles para reuniones de cualquier tipo.
Este texto remite al canon 1210 del Código de Derecho Canónico, que exige el respeto del carácter sagrado de la iglesia y excluye todo lo que no sea propio del culto. La única excepción admitida por el documento romano antes mencionado se refiere a los conciertos de música sacra, quedando excluidos todos los demás géneros musicales, incluso la música clásica y de alto nivel (párrafo 8).
Un documento de aplicación del Consejo Permanente del Episcopado francés, de 13 de diciembre de 1988, va en el mismo sentido: “Se procurará que la iglesia nunca pueda ser considerada una ordinaria sala de espectáculos”.
Más aún: el propio Arzobispado de París, en una nota del 29 de abril de 1988, reiteró la condena de la transformación de las iglesias en salas de espectáculos, “pues la asimilación del edificio religioso a un simple equipamiento cultural resulta tanto más tentadora cuanto que, para muchos, el fenómeno cristiano está en vías de desaparición”.
En cuanto a la legislación civil, la ley de separación de diciembre de 1905 (artículo 13) prevé la posibilidad de retirar la afectación cultual de los lugares de culto si los edificios son desviados de su destino estrictamente religioso, lo que equivale a afirmar el carácter exclusivo de dicha finalidad.
La señora Barbara Butch, una militante invertida, abiertamente lesbiana (que se define a sí misma como «perra» o incluso como «viciosa»), organiza actos dentro de las propias iglesias… ¿No recuerda esto cierto pasaje de las Escrituras sobre la abominación de la desolación en el Lugar Santo? No se trata solamente de una “profanación” en el verdadero sentido del término, es decir, de una desviación hacia un uso profano, sino además de una blasfemia y de un sacrilegio por parte de personas que, al menos algunas de ellas, no ocultan su voluntad de humillar o destruir el pasado cristiano de nuestro país y la fe de los fieles.
La excusa artística no tiene ningún valor: no se trata de arte, y mucho menos de arte cristiano, sino de pura y simple provocación en el marco de un proyecto de revolución cultural.
(Traducción de los tatuajes: Perra, viciosa, zorra, ciborg, brazo izquierdo ‘-palabra ilisible: esta de vuelta’)
Usted tiene el poder de poner fin a este escándalo, y además con gran facilidad: basta con ordenar a los responsables de las iglesias afectadas que nieguen el acceso a los santuarios durante las manifestaciones previstas. Tiene usted la opción de cerrar pura y simplemente las iglesias en ese momento o de organizar actos de oración que ocupen el espacio.
No hacerlo significaría, sin lugar a dudas, su alianza con Satanás. La ceremonia blasfema de apertura de los Juegos Olímpicos de 2024, las futuras vidrieras igualmente satánicas de Notre-Dame de París, el aborto en la Constitución, la eutanasia (el derecho a matar), la enseñanza de la pornografía a los niños en las escuelas y, más recientemente, el ataque en Francia al secreto del sacramento de la Confesión, etc., ¿no es ya suficiente? Sea por fin valiente, sea digno de su alta función. Nuestro Señor Jesucristo no aceptaría su pasividad; de ello dependen su responsabilidad y su deber como sucesor de los Apóstoles ante Dios, pero también la salvación de su alma. «Pero, porque eres tibio y no eres ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca» (Apocalipsis 3,16).
No se convierta, pues, en cómplice del escupitajo deliberadamente lanzado al rostro de Nuestro Señor Jesucristo e impida de inmediato y con firmeza esta “Noche en Blanco” en nuestras iglesias y capillas parisinas.
Remito una copia de esta carta a Su Santidad el Papa León XIV, quien, espero, le exhortará a escuchar los consejos del sencillo fiel que soy. Por otra parte, sería muy conveniente que el Santo Padre cancelara su próxima visita a París, habida cuenta del comportamiento más que inapropiado del Sr. Macron, personaje indigno que preside y destruye nuestro país (Francia antigua hija primogénita de la Iglesia…) y que, además, se atrevió a declarar con gran seguridad que «la bestia del acontecimiento está ahí y está llegando». Volver a aparecer públicamente junto a este satanista declarado sería nuevamente indecente y muy mal percibido por los fieles cristianos del mundo entero.
En espera de su respuesta, y agradeciéndole de antemano su atención, le ruego acepte, Monseñor, la expresión de mi más distinguida consideración.
Antonio Impellizzeri

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