Artículo original : https://www.medias-presse.info/reponse-aux-dix-questions-aux-pretres-de-la-fraternite-saint-pie-x-de-don-stefano-carusi-et-labbe-louis-numa-julien/245187
por Xavier Celtillos — 22 de junio de 2026 – Traducido por Elisa Hernández

En el marco de las futuras coronaciones (1), don Stefano Carusi y el Abate Louis-Numa Julien publicaron en el Salon Beige, el 22 de junio de 2026, un cuestionario dirigido a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X. El texto se presenta bajo una apariencia de rigor doctrinal y transparencia.
Sin embargo, al examinarlo, se observa que recurre a insinuaciones, generalizaciones y suposiciones no demostradas. Cada pregunta merece una respuesta precisa. He aquí dichas respuestas.
Preciso que este texto es una respuesta personal que no compromete a la FSSPX, de la cual no soy miembro.
Pregunta 1 — La Comisión San Carlos Borromeo y la jurisdicción matrimonial
Los autores preguntan sobre qué base jurisdiccional la FSSPX instruye las causas de nulidad matrimonial, y si la Comisión San Carlos Borromeo se atribuiría la autoridad del Papa.
La respuesta es simple y conocida: el estado de necesidad, que constituye un principio antiguo del propio derecho canónico. El canon 144 del Código de 1983 — cuya legitimidad la Fraternidad cuestiona ciertamente en algunas de sus disposiciones, pero cuyo fundamento descansa en una tradición canónica constante— admite la suplencia de jurisdicción en aquellos casos en que la Iglesia provee al bien de los fieles en una situación de necesidad. No se trata de una invención de la FSSPX: es la propia lógica del derecho de la Iglesia, que siempre ha sabido que la letra de la ley no puede prevalecer sobre la salvación de las almas.
Pero hay que ir más allá. La cuestión supone tácitamente que los tribunales romanos ordinarios constituyen una alternativa fiable. Sin embargo, esta suposición es hoy insostenible. Desde el motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus (2015), los procedimientos de nulidad se han simplificado hasta tal punto que, en la práctica, han dado lugar a lo que ya denunciamos aquí mismo: un divorcio que no se llama así. Cuando se puede obtener una declaración de nulidad en un plazo acelerado, sobre la base de un procedimiento administrativo sometido únicamente al obispo, sin posibilidad de recurso efectivo, es la indisolubilidad del matrimonio la que queda vaciada de su esencia por el propio derecho positivo. Reprochar a la FSSPX que instruya causas de nulidad en estado de necesidad, cuando los tribunales oficiales han derivado hacia una práctica casi divorcista, es fruto de la ceguera voluntaria o de la mala fe.
La Comisión San Carlos Borromeo no se atribuye la autoridad del Papa. Suplanta, en la medida de lo posible y según las formas canónicas tradicionales, el colapso de una jurisdicción eclesiástica que ha traicionado su propia misión. Cabe señalar, por otra parte, que el dispositivo de Muller es muy problemático a este respecto y ha generado fuertes oposiciones internas en la FSSPX. Se puede volver a leer al respecto la oposición de los decanos.
Pregunta 2 — Las hostias y la presencia real
Los autores se preguntan por la práctica de la FSSPX de no mezclar las hostias consagradas según su rito con las consagradas según el rito de Pablo VI, y de llevar sus propias hostias cuando celebra en capillas puestas a su disposición por la autoridad ordinaria. Ven en ello la implicación de una «presencia real a dos velocidades».
La cuestión se basa en una tergiversación retórica. La FSSPX no niega la presencia real en las hostias consagradas según el Novus Ordo Missæ. Lo que pone en duda, por razones teológicas serias y debidamente expuestas, es la validez probable de ciertas celebraciones —no de todas, ni en principio, ni por definición. Esta duda prudencial se fundamenta en el análisis del propio rito.
El Breve examen crítico redactado por los cardenales Ottaviani y Bacci en 1969, y remitido al papa Pablo VI, señalaba que el Novus Ordo, tal y como había sido concebido, se alejaba de la teología tridentina del sacrificio de una manera lo suficientemente grave como para suscitar inquietudes acerca de su capacidad para expresar claramente el acto eucarístico. No se trata de una opinión marginal: dos príncipes de la Iglesia, entre ellos el prefecto emérito del Santo Oficio, consideraban que el nuevo rito era peligroso para la fe. La FSSPX no ha hecho más que tomar en serio lo que las propias autoridades romanas habían señalado.
Añadamos el argumento ad hominem que los autores parecen querer eludir: si la FSSP y las comunidades Ecclesia Dei consideran que el rito de Pablo VI es plenamente válido y ortodoxo, cabe preguntarse por qué se han empeñado en conservar el rito tradicional. O bien el nuevo rito es idéntico al antiguo en cuanto a la fe que expresa —y no había motivo alguno para reformarlo—, o bien se distingue sustancialmente de él, y las dudas sobre su contenido teológico son legítimas. No se pueden tener ambas cosas.
Por último, hay un argumento que los autores pasan por alto por completo y que, sin embargo, es decisivo: la forma en que se tratan las santas especies en el marco ordinario del rito de Pablo VI. La teología católica enseña que cada partícula de la hostia consagrada contiene el Cuerpo de Cristo: por eso el sacerdote, en el rito tradicional, une los pulgares y los índices tras la consagración y no los separa hasta las abluciones, para que no se pierda ninguna partícula. Esta práctica no es un formalismo minucioso: es la expresión concreta de la fe en la presencia real.
En el marco del Novus Ordo, esta disciplina ha desaparecido en gran medida. El celebrante ya no une sistemáticamente los dedos tras la consagración. La comunión en la mano —introducida ilícitamente en varios países antes de ser tolerada y luego generalizada— expone las sagradas especies a la pérdida de partículas, a manipulaciones irreverentes e incluso a profanaciones voluntarias, cuyos casos están, lamentablemente, documentados. La práctica de impartir la comunión de pie, a menudo con prisas, en condiciones que no permiten verificar la ingesta efectiva de la hostia, agrava aún más esta situación.
En este contexto, la práctica de la FSSPX de llevar consigo sus hostias consagradas en lugar de dejarlas en sagrarios donde posteriormente serán distribuidas según esas modalidades, no es una afirmación teológica sobre la presencia real en las hostias vecinas: es una obligación de conciencia. No se deja el Cuerpo de Cristo expuesto a un trato que se considera sacrílego con el pretexto de que sería impropio llevárselo. Es precisamente porque la FSSPX cree en la presencia real —sin restricciones ni concesiones a las posturas conciliares— por lo que actúa de este modo.
Pregunta 3 — ¿Es la misa de Pablo VI «mala en sí misma»?
Los autores preguntan si la tesis según la cual la misa de Pablo VI sería un «acto moralmente malo en sí mismo» es compatible con la validez del pontificado de Pablo VI.
Conviene aquí distinguir lo que la FSSPX sostiene con constancia de lo que los autores le atribuyen para refutarla mejor.
La posición de la Fraternidad —y, en general, de la Tradición— no es que el Novus Ordo Missæ sea siempre y necesariamente inválido. La cuestión de la validez depende de las condiciones concretas de cada celebración: materia, forma e intención del ministro. En este punto, la Fraternidad nunca ha defendido una invalidez sistemática.
Lo que la Fraternidad sostiene con firmeza es una cuestión de licitud, no de validez. El nuevo rito, en su estructura, sus omisiones y sus ambigüedades doctrinales, no expresa con la claridad necesaria el sacrificio propiciatorio y la presencia real. Puede celebrarse válidamente —y así ocurre en muchos casos—, pero su propia forma es deficiente para significar lo que debe significar. Un rito que autoriza de facto múltiples variantes, que ha suprimido oraciones esenciales para la expresión de la fe sacrificial, que ha podido ser presentado por sus propios artífices como una ruptura con la tradición litúrgica anterior, es un rito cuya licitud habitual se ve gravemente comprometida.
Que un Papa pueda promulgar una ley litúrgica deficiente en su expresión de la fe: sí, eso es posible. El Papa no es infalible en sus actos disciplinarios y litúrgicos. La infalibilidad pontificia está definida con precisión por el Primer Concilio Vaticano: se limita a las definiciones solemnes ex cathedra en materia de fe y costumbres. Una reforma litúrgica, aunque sea universal, no entra en este marco. La historia de la Iglesia conoce a papas que han introducido prácticas discutibles sin que por ello se haya invalidado su pontificado.
La compatibilidad entre los errores de un pontificado y la legitimidad de dicho pontificado no es una cuestión que haya inventado la FSSPX: se plantea desde Honorio I, cuya condena póstuma por monotelismo por parte del III Concilio de Constantinopla no anuló retroactivamente sus actos legítimos.
Pregunta 4 — Los sacramentos «todos dudosos» según monseñor Lefebvre
Los autores citan la frase de monseñor Lefebvre pronunciada durante la homilía de las consagraciones del 30 de junio de 1988, según la cual los nuevos sacramentos «son todos dudosos», y preguntan si la FSSPX mantiene esta postura. De ello deducen que la Fraternidad no reconocería ninguna validez a los obispos ordenados según el nuevo rito.
En primer lugar, hay que situar esta frase en su contexto. Fue pronunciada en una homilía, no en un documento doctrinal sometido a revisión. Su significado es el de una duda prudencial, basada en motivos teológicos reales, no el de una condena definitiva y universal.
Estos motivos teológicos son de dos tipos. El primero es objetivo: los ritos de los sacramentos se han reformado de tal manera que su expresión del sentido sacramental resulta a veces ambigua. La ordenación presbiteral según el nuevo rito, el sacramento de la confirmación modificado, la forma revisada de la unción de los enfermos… todos ellos han sido objeto de serios debates teológicos en cuanto a su capacidad para significar con certeza lo que pretenden realizar.
El segundo motivo es subjetivo, y es el más grave: la cuestión de laintención del ministro. La teología sacramental católica, desde el Concilio de Trento, enseña que el ministro del sacramento debe tener la intención de hacer lo que hace la Iglesia (intentio faciendi quod facit Ecclesia). Esta intención no se exige en un grado de perfección espiritual, pero debe existir en su sentido mínimo: querer realizar el acto sacramental tal y como lo entiende la Iglesia.
Ahora bien, en el contexto actual de crisis de la fe, esta intención mínima ya no puede darse por supuesta esa intención mínima. ¿Un sacerdote que niega públicamente el valor propiciatorio del sacrificio eucarístico, un sacerdote que promueve públicamente la homosexualidad y que, por consiguiente, niega la naturaleza del pecado mortal, sigue teniendo la intención de hacer lo que hace la Iglesia cuando celebra la misa o escucha las confesiones de los penitentes? ¿Qué valor tiene una absolución impartida por un confesor que ya no cree en el pecado? La cuestión no es retórica: está sólidamente fundada desde el punto de vista teológico, y la respuesta exige una prudencia que Mons. Lefebvre supo expresar con franqueza.
Pregunta 5 — El estado de necesidad: ¿pastoral o sacramental?
Los autores se preguntan si el estado de necesidad invocado por el superior general de la FSSPX es de carácter pastoral o si también implica una duda sobre la validez de los sacramentos administrados fuera de la Fraternidad.
La respuesta honesta es que ambas dimensiones existen, pero con un peso diferente.
El estado de necesidad pastoral es la razón principal y evidente, que no debería dar lugar a ninguna discusión seria. Millones de católicos apegados a la fe de siempre, a la misa tradicional, a los sacramentos administrados según los ritos consagrados, se ven privados del acceso a estos bienes por la voluntad deliberada de una autoridad que, en lugar de servirles, los proscribe —Traditionis custodes es la expresión más reciente y brutal de ello. Ante esta privación organizada, la FSSPX suple la carencia. Este es el primer fundamento del estado de necesidad, y basta por sí solo para justificar la acción de la Fraternidad, incluidas las consagraciones episcopales.
La duda sacramental, por su parte, es real, pero de naturaleza diferente: es una duda, es decir, un juicio de prudencia ante una incertidumbre objetiva, no una certeza negativa. Refuerza la necesidad de mantener una línea de transmisión sacramental segura, pero no constituye, por sí sola, el fundamento principal de la posición de la Fraternidad.
De hecho, sería más deshonesto ocultar esta duda que admitirla, con las precauciones que corresponden. Lo que los autores no dicen es que esta duda no surge de una voluntad de ruptura, sino de una fidelidad a la teología sacramental clásica, la cual exige, para cualquier certeza en la administración de los sacramentos, una certeza sobre la materia, la forma y la intención.
Pregunta 6 — ¿Estarán los obispos de la FSSPX al servicio de toda la Iglesia?
Los autores preguntan si los futuros obispos de la Fraternidad estarán al servicio de todos los católicos o si se reservarán únicamente a los fieles de la FSSPX.
La pregunta se basa en una oposición artificial. Los obispos de la FSSPX son, por su consagración episcopal, obispos de la Iglesia católica. No poseen jurisdicción territorial —nadie se la ha conferido y ellos no la reclaman—, pero su sacerdocio y su episcopado pertenecen a la Iglesia universal. De hecho, trabajan para toda la Iglesia, manteniendo vivos un sacerdocio y una doctrina que la institución oficial se esfuerza por extinguir.
El hecho de que ejerzan concretamente su ministerio en el seno de las estructuras de la Fraternidad, con la disciplina propia de una sociedad de vida apostólica, no los convierte en «sectarios». Todo obispo ejerce su ministerio en un marco institucional determinado. El hecho de que ese marco no sea el de la conferencia episcopal nacional o el de la diócesis territorial no le priva de su catolicidad.
Los fieles que desean recibir los sacramentos tradicionales y que acuden a la FSSPX no son miembros de una secta: son católicos que buscan lo que la Iglesia siempre ha ofrecido. Los sacerdotes y obispos de la Fraternidad les atienden en la medida de sus posibilidades, y nada impide, en principio, que atiendan a cualquiera que lo solicite legítimamente. Las condiciones de acceso a los sacramentos en los prioratos de la Fraternidad no son criterios de pertenencia sectaria: son condiciones de coherencia en la fe.
Pregunta 7 — La reiteración de las confirmaciones
Los autores señalan que la FSSPX reitera confirmaciones ya recibidas según el rito reformado, incluida, recientemente, una confirmación conferida por el cardenal Ricard según el rito tradicional. Preguntan si la Fraternidad pone en duda la validez de los obispos o la de los santos óleos.
La respuesta exige distinguir entre dos casos, que los autores confunden deliberadamente.
La reiteración de una confirmación administrada según el rito reformado de Pablo VI se basa en el doble motivo expuesto en la pregunta 4: la duda sobre la claridad del rito en cuanto a la expresión sacramental y la posible duda acerca de la intención del ministro. Estos dos motivos bastan para justificar una confirmación condicional, administrada según la forma litúrgica cierta.
La reiteración de una confirmación administrada según el rito tradicional por un obispo en plena comunión con Roma merece, por su parte, una explicación más precisa. La FSSPX nunca ha afirmado que todo obispo ordenado en la línea posconciliar sea necesariamente inválido. Lo que puede suscitar dudas, en algunos casos, es la pertenencia de la línea de consagración del obispo consagrante a una línea episcopal cuya validez no es cierta —en particular cuando dicho obispo ha sido ordenado él mismo según un rito reformado por obispos cuya ordenación es incierta—. La cuestión del crisma, de los aceites consagrados según el nuevo rito, también puede entrar en consideración en algunos casos.
No se trata de una política sistemática de invalidación de todos los sacramentos fuera de la Fraternidad. Se trata de una prudencia sacramental aplicada caso por caso, basada en los principios de la teología sacramental tradicional.
Pregunta 8 — Las tres «aceptaciones» del Concilio Vaticano II
Es aquí donde el argumento de los autores resulta más sofisticado y engañoso. Citan tres textos en los que la FSSPX habría «aceptado ya el Concilio»: el protocolo de 1988, la carta de 2008 para el levantamiento de las excomuniones y el protocolo doctrinal de abril de 2012 firmado con la Congregación para la Doctrina de la Fe. De ello concluyen que el obstáculo doctrinal para un acuerdo con Roma es ficticio, y que la verdadera razón de las consagraciones sin mandato sería la duda sacramental.
Este razonamiento se basa en una confusión deliberada entre los actos de un superior general que actúa fuera de su mandato y la posición doctrinal constante de la Fraternidad.
El protocolo de mayo de 1988, firmado por monseñor Lefebvre antes de ser rechazado al día siguiente, fue fruto de las considerables presiones ejercidas sobre un prelado de avanzada edad, de quien se esperaba manifiestamente obtener una firma aprovechando un debilitamiento momentáneo. El propio monseñor Lefebvre explicó públicamente, al día siguiente de su firma, por qué se retractaba.
En su conferencia del 15 de junio de 1988, explica públicamente a sus fieles las razones de su cambio de postura:
«Siempre he sentido desconfianza y debo confesar que siempre he pensado que todo lo que hacían era para conseguir que nos doblegáramos, que aceptáramos el Concilio y las reformas posconciliares. […] Cuanto más reflexionamos sobre el ambiente de estos coloquios, más nos damos cuenta de que nos están tendiendo una trampa, para hacernos caer en ella.»
En su comunicado del 19 de junio de 1988, precisa las condiciones concretas que hicieron que el protocolo resultara inaceptable:
«Nos entregan un texto doctrinal, se le añade [una petición de perdón], Roma se reserva 5 de los 7 miembros de la Comisión Romana, incluido el presidente […]. Me ponen en las manos un proyecto de petición de perdón al Papa.»
Estos dos textos, disponibles en los archivos de La Porte Latine, demuestran que la retirada de la firma del 6 de mayo y las consagraciones del 30 de junio no son señal de incoherencia, sino de lucidez —la de un hombre que había querido creer en la buena fe de Roma y que, al constatar que le habían tendido una trampa, optó por salvaguardar la Tradición antes que salvar una apariencia de comunión.
La carta de 2008, dirigida por Monseñor Fellay en nombre de los cuatro obispos para obtener el levantamiento de las excomuniones, debe leerse en su contexto estricto: se trataba de un trámite canónico, no de un acto doctrinal. Aceptar formalmente los concilios «hasta el Vaticano II, respecto al cual expresamos reservas» no equivale a aceptar el Vaticano II: es precisamente expresar reservas sobre el Vaticano II, al tiempo que se reconoce que la Fraternidad no es sedevacantista.
Pero es el protocolo doctrinal de abril de 2012 el que suscita las críticas más severas. Este texto, firmado por monseñor Fellay con la Congregación para la Doctrina de la Fe, iba más allá de lo que la Fraternidad había aceptado jamás en materia de reconocimiento de la colegialidad conciliar y del Código de 1983. La Fraternidad, en sus estructuras de gobierno, nunca ratificó este acuerdo. Y con razón: la línea doctrinal constante de la FSSPX desde su fundación es la que monseñor Lefebvre formuló con claridad: no hay acuerdo práctico sin acuerdo doctrinal previo.
Lo que los autores denominan «aceptaciones» del Concilio por parte de la FSSPX son, en dos de los casos, actos de un superior general —Monseñor Fellay— cuya política al final de su mandato estaba en clara contradicción con la línea fundacional. Durante ese periodo, aproximadamente de 2009 a 2012, monseñor Fellay se embarcó en una vía de normalización que no contó con el apoyo de la Fraternidad en su conjunto y que suscitó oposiciones internas documentadas, en particular por parte de monseñor Williamson y de varios sacerdotes y fieles.
La elección del Abate Pagliarani en 2018 supuso un retorno a la línea tradicional.
Estos episodios desafortunados no constituyen, por tanto, «la posición de la FSSPX». Son la huella de una desviación temporal de la que la Fraternidad ha regresado, al menos en parte. Hacerla responsable de ello hoy, como si aquellas firmas comprometieran de manera permanente a la institución, obedece ya sea a un desconocimiento de la historia interna de la Fraternidad, ya sea a una voluntad deliberada de sembrar confusión.
Pregunta 9 — La communicatio in sacris y las misas de los sacerdotes «en unión con la Iglesia conciliar»
Los autores preguntan si la reserva de la FSSPX respecto a la communicatio in sacris con los sacerdotes diocesanos en unión con la autoridad ordinaria implica que habría «dos Iglesias» o que se pone en duda la validez de sus ordenaciones.
La respuesta debe basarse en dos planos —el eclesiológico y el canónico—, ya que ambos son pertinentes.
En el plano canónico: la communicatio in sacris con ministros heterodoxos siempre ha sido regulada por la Iglesia con el fin de proteger la fe. El derecho canónico clásico distingue entre la comunión sacramental y la participación en los actos litúrgicos de un ministro cuya fe es dudosa o errónea. Esta reserva no implica que el ministro sea inválido: implica que sería imprudente, e incluso escandaloso, darle testimonio de comunión en sus actos cuando estos forman parte de una orientación doctrinal que se considera contraria a la fe.
En el plano eclesiológico: la FSSPX no sostiene que haya dos Iglesias. Sostiene que, en el seno de la única Iglesia católica, existe una grave crisis doctrinal y disciplinaria que afecta a una parte significativa del clero y de la jerarquía. Esta crisis no crea otra Iglesia, pero sí genera situaciones concretas en las que la participación conjunta en los actos litúrgicos de un sacerdote que, por ejemplo, haya bendecido uniones homosexuales, haya administrado la comunión a políticos a favor del aborto o enseñe públicamente la compatibilidad de la homosexualidad activa con la vida cristiana, constituiría un acto de complicidad con el error.
Esto no es un cisma: es la puesta en práctica de lo que la fe católica siempre ha exigido: evitar el escándalo y no participar en actos que contradicen dicha fe.
Pregunta 10 — Los «errores doctrinales» de la FSSPX y las disculpas solicitadas
Los autores concluyen sugiriendo que los sacerdotes de la Fraternidad podrían «distanciarse públicamente» de los «errores doctrinales de sus autoridades», o incluso «disculparse públicamente» en los casos en que los fieles hubieran rechazado los sacramentos de un sacerdote diocesano y hubieran fallecido sin recibir los sacramentos.
Este párrafo final revela la verdadera naturaleza del cuestionario: no se trata de un interés por el diálogo o la aclaración doctrinal, sino de una maniobra de desestabilización, destinada a sugerir a los fieles de la FSSPX que sus sacerdotes profesan en secreto errores vergonzosos de los que deberían avergonzarse.
La técnica es conocida: plantear diez preguntas, acompañar cada una de ellas con una suposición que insinúe una desviación sectaria, acumular las insinuaciones hasta que el argumento parezca convincente y, a continuación, pedir como conclusión una disculpa pública. Es una argumentación de acusación, no un planteamiento teológico.
Pero demos la vuelta a la cuestión. Son los autores de este texto, y quienes aplauden esta iniciativa, quienes deberían responder a algunas preguntas complementarias.
¿Han pedido a la Iglesia conciliar que se disculpe por Asís I (1986), donde animistas rezaron en lugares católicos y donde se colocó una estatuilla de Buda junto a un sagrario?
¿Han exigido una disculpa por el beso al Corán de 1999 —un libro que niega la divinidad de Cristo— por parte del Vicario de Cristo? ¿Han reclamado una autocrítica pública por Fiducia supplicans (2023), que introdujo la bendición de parejas del mismo sexo, lo que provocó un rechazo casi unánime por parte de los episcopados africanos? ¿Han pedido reparación por Traditionis custodes (2021), que privó a miles de fieles del acceso a la misa que ha alimentado a la Iglesia durante siglos? ¿Han protestado cuando católicos fieles han visto cómo su obispo era sustituido por prelados partidarios de la sinodalidad —algunos de los cuales han defendido públicamente posturas incompatibles con la fe católica?
Si algunos fieles han fallecido sin recibir los sacramentos porque no querían recibirlos de un sacerdote cuya fe era dudosa, la responsabilidad principal no recae en la FSSPX, que ha mantenido a sus sacerdotes disponibles. Recae en aquellos que, desde hace sesenta años, han vaciado al clero de su fe, a los seminarios de su doctrina y a los sacramentos de su sentido.
La FSSPX no tiene por qué disculparse por mantener la fe. Son aquellos que la han atacado, diluido y, finalmente, perseguido hasta el punto de amenazar con declararla cismática quienes deben rendir cuentas —ante Dios y ante los hombres—. Al hacerlo, Don Stefano Carusi y el Abate Louis-Numa Julien, así como los sacerdotes que siguen la misma línea, se convierten en cómplices de la destrucción de la Iglesia y, por consiguiente, de la descristianización de nuestras sociedades.
Xavier Celtillos
(1) Véanse también las diversas posiciones sobre las futuras ordenaciones en la FSSPX:
– Sobre las futuras ordenaciones en la FSSPX: «Con o sin mandato», por el abate Jean-Michel GLEIZE
– En un comunicado del 2 de febrero de 2026, la Casa General de la FSSPX anuncia futuras ordenaciones.
– Las consagraciones de la FSSPX, un motivo de alegría, por monseñor Tomás de Aquino, OSB.
– Futuras consagraciones: continúan los contactos entre la FSSPX y el Vaticano
– Comunicado de los institutos Ecclesia Dei o la tentación sado-masoquista.
– Consagraciones de la FSSPX: el padre Louis-Marie de Blignières y la usurpación intelectual
– Monseñor Athanasius Schneider exhorta al papa León XIV a tender un puente entre Roma y la FSSPX
– Consagraciones sin mandato: ¿una «vía de escape dialéctica»? por el padre Michel Morille (FSSPX)
– ¿Quién rasga la túnica de Cristo? Entrevista con el Superior de la Fraternidad San Pío X
– Revista Fideliter n.º 290 – Mañana, las consagraciones
– Las consagraciones o la moral: ¿qué se le reprocha a la FSSPX?, por Nicolas Moulin
– ¿Se puede ignorar el estado de necesidad en la Iglesia?, por el padre Alain Lorans, FSSPX.
– Oración por los futuros obispos de la FSSPX para recitar del 8 de mayo al 1 de julio de 2026.
– ¡Mañana, la excomunión!, por Gilles COLROY
– Acerca de la declaración del 13 de mayo del cardenal Fernández, por el Abate Jean-Michel Gleize
– La autoexcomunión de la autoridad desviada según monseñor Lefebvre.
– La Casa General de la FSSPX anuncia los nombres de los cuatro futuros obispos.

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