{"id":1374,"date":"2024-03-31T12:30:07","date_gmt":"2024-03-31T18:30:07","guid":{"rendered":"https:\/\/civitas-mexico.com\/?p=1374"},"modified":"2024-03-31T12:30:09","modified_gmt":"2024-03-31T18:30:09","slug":"januis-clausa-homilia-del-arzobispo-carlo-maria-vigano-en-la-misa-crismal-del-jueves-de-la-semana-santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/civitas-mexico.com\/index.php\/2024\/03\/31\/januis-clausa-homilia-del-arzobispo-carlo-maria-vigano-en-la-misa-crismal-del-jueves-de-la-semana-santa\/","title":{"rendered":"Januis Clausa: homil\u00eda del arzobispo Carlo Maria Vigan\u00f2 en la misa crismal del jueves de la Semana Santa"},"content":{"rendered":"\n<p>Art\u00edculo original : <a href=\"https:\/\/exsurgedomine.it\/240328-chrism\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">https:\/\/exsurgedomine.it\/240328-chrism\/<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>28 de marzo de 2024 &#8211; Traducido por Elisa Hern\u00e1ndez<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"940\" height=\"619\" src=\"https:\/\/civitas-mexico.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/image-90.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1375\" srcset=\"https:\/\/civitas-mexico.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/image-90.png 940w, https:\/\/civitas-mexico.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/image-90-300x198.png 300w, https:\/\/civitas-mexico.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/image-90-768x506.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"201\" height=\"278\" src=\"https:\/\/civitas-mexico.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/image-91.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1376\" style=\"width:76px;height:auto\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong><em>Msgr. Carlo Maria Vigan\u00f2<\/em><\/strong> &#8211; <strong>JANUIS CLAUSIS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Homil\u00eda del Jueves Santo en la Misa Crismal<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Et ego dispono vobis sicut disposuit mihi Pater meus regnum. Os preparo un reino, como el Padre me lo ha preparado a m\u00ed. <strong>Lc 22: 29<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La solemne liturgia del Jueves Santo nos introduce en el coraz\u00f3n de los misterios pascuales y constituye una especie de par\u00e9ntesis entre el largo itinerario cuaresmal &#8211; que culmina con los dos \u00faltimos domingos &#8211; y la celebraci\u00f3n de la Pasi\u00f3n y Muerte del Se\u00f1or, que tendr\u00e1 lugar ma\u00f1ana. Hay dos grandes momentos que nos re\u00fanen hoy en torno al altar: el primero, la Misa Crismal; el segundo, la <em>Misa in Cena Domini<\/em>. En ambos, la Iglesia llama nuestra atenci\u00f3n sobre el Orden Sagrado, para que podamos considerar con raz\u00f3n el Jueves Santo como una fiesta en honor de Cristo Sumo Sacerdote y, en consecuencia, de todos sus sagrados Ministros, que extraen su propio Ministerio del \u00danico Sacerdocio de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Misa Crismal, el Obispo &#8211; que posee la plenitudo Sacerdotii &#8211; re\u00fane a su propio Presbiterio a su alrededor para consagrar los Santos \u00d3leos, necesarios para la administraci\u00f3n de los Sacramentos: <em>Consecrare tu dignare, Rex perennis patri\u00e6, hoc olivum, signum vivum, iura contra d\u00e6monum <\/em>(Himno. <em>O Redemptor<\/em>). En la <em>Misa in Cena Domini<\/em> celebramos la instituci\u00f3n del Santo Sacrificio, de la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda y del propio Sacerdocio, cuya Sagrada Unci\u00f3n recuerda a Cristo, el Ungido del Se\u00f1or. La compuesta solemnidad de estos ritos &#8211; que una compulsiva sucesi\u00f3n de reformas bugninianas, llevadas a cabo entre los a\u00f1os 50 y 70 por los partidarios del <em>Novus Ordo<\/em>, ha distorsionado y desfigurado en gran medida &#8211; nos retrotrae al Cen\u00e1culo y a aquellas palabras que el Redentor dirige a sus Disc\u00edpulos, en un momento de gran opresi\u00f3n y temor. Son las horas en las que se cierne sobre los Doce esa sensaci\u00f3n de asedio y peligro inminente que tambi\u00e9n nosotros experimentamos hoy; las horas en las que los repetidos intentos de los jud\u00edos por capturar y matar al Se\u00f1or &#8211; hasta ahora infructuosos &#8211; est\u00e1n a punto de tener \u00e9xito, debido a la traici\u00f3n de Judas; las horas en las que el triunfo de los malvados parece inevitable, habiendo conseguido corromper a un Ap\u00f3stol para encarcelar al Hijo de Dios, someterlo a juicio y condenarlo a muerte, Aquel que pocos d\u00edas antes hab\u00eda sido recibido en Jerusal\u00e9n por la multitud que lo aclamaba como Rey de Israel. Los hosannas de los ni\u00f1os enmudecen, la multitud ha desaparecido, nadie parece recordar los milagros realizados por el Maestro en los \u00faltimos tres a\u00f1os, y las ramas de palma yacen abandonadas a los lados del camino que conduce al Templo.<\/p>\n\n\n\n<p>No es dif\u00edcil, en esta fase crucial de la historia de la humanidad y de la Iglesia, identificarse con los Ap\u00f3stoles, oprimidos por ese sentimiento de inevitabilidad del Mal que intenta arrancar la esperanza de los corazones e infunde abatimiento y decepci\u00f3n, tras la alegr\u00eda y el entusiasmo de entrar en la Ciudad Santa. Incluso el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, que a lo largo de los siglos recorre las etapas del Ministerio P\u00fablico de su Cabeza Divina, ha experimentado aquellos entusiasmos de los Disc\u00edpulos por la predicaci\u00f3n y los milagros realizados, hoy casi eclipsados en el abandono de las multitudes, en la conspiraci\u00f3n del Sanedr\u00edn dispuesto a enviar a sus guardias, en la traici\u00f3n del nuevo Judas. Esta es vuestra hora, es el imperio de las tinieblas (Lc 22: 53), dir\u00e1 Nuestro Se\u00f1or dentro de unas horas a los sumos sacerdotes y guardias del templo que han venido a capturarle.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero justo cuando se cierne el imperio de las tinieblas &#8211; que los Ap\u00f3stoles creen insensata, pero humanamente victorioso -, el Se\u00f1or hace preparar el Cen\u00e1culo en una gran sala suntuosamente decorada para celebrar la Pascua. Un lugar en el que, tras la Crucifixi\u00f3n del Maestro, veremos a los Disc\u00edpulos reunirse de nuevo junto a la Virgen Madre, con las puertas atrancadas y los postigos cerrados por miedo a los jud\u00edos. Y en la que cincuenta d\u00edas despu\u00e9s, <em>ianuis clausis<\/em>, descender\u00e1 el Esp\u00edritu Santo, cumpliendo lo que hab\u00eda sido prefigurado en la consagraci\u00f3n del templo por el rey Salom\u00f3n (2 Re 7: 1).<\/p>\n\n\n\n<p>La serenidad y dignidad con que el Salvador afronta las \u00faltimas horas antes de la Pasi\u00f3n desorienta a los Ap\u00f3stoles, que no s\u00f3lo no comprenden lo que se est\u00e1 preparando, sino que est\u00e1n tan confusos que se preguntan cu\u00e1l de ellos debe ser considerado el m\u00e1s grande (Lc 22, 24), mientras que Pedro dice estar dispuesto a afrontar la prisi\u00f3n y la muerte (Lc 22: 33), ignorante de la triple negaci\u00f3n que pronto har\u00eda: <em>Non cantabit hodie gallus, donec ter abneges nosse me<\/em>, o\u00edmos ayer, el Mi\u00e9rcoles de Esp\u00edas, en la Passio.<\/p>\n\n\n\n<p>Vosotros, pues, encerrados como los Ap\u00f3stoles en esta capilla en torno a vuestro Obispo para celebrar la Pascua, os sent\u00eds asediados y en peligro, buscados como disc\u00edpulos del mismo Jes\u00fas Nazareno a quien los guardias est\u00e1n a punto de arrestar. Y quiz\u00e1 tambi\u00e9n a vosotros os asombre, querid\u00edsimos hermanos, la serenidad con la que os exhorto a afrontar los acontecimientos con el mismo esp\u00edritu de humilde y obediente abandono a la voluntad de Dios. Ecce Satanas expetivit vos ut cribraret sicut triticum: Satan\u00e1s ha pedido tamizaros como se tamiza el trigo (Lc 22: 31). La prueba se acerca, porque sin participar en la competici\u00f3n no es posible alcanzar la haza\u00f1a &#8211; el premio de la victoria &#8211; y sin pasar por la ignominia de la Cruz no puede haber la gloria de la Resurrecci\u00f3n. Y es quiz\u00e1s una prueba menos cruenta que la que tuvieron que pasar los Ap\u00f3stoles, pero ante la que se necesita el mismo estado de \u00e1nimo que el Se\u00f1or les ordena tener: <em>Vigilate et orate, ut non intretis in temptationem<\/em> (Lc 22: 46). Permanezca despierto y ore.<\/p>\n\n\n\n<p>En un mundo hostil a Cristo &#8211; ayer como hoy &#8211; la humildad del sacerdote es la \u00fanica salvaguardia para no ceder a la tentaci\u00f3n: la humildad de reconocerse fr\u00e1gil e incapaz de afrontar los acontecimientos adversos, si no es gracias a la ayuda de Dios, que s\u00f3lo podemos conseguir con la vigilancia y la oraci\u00f3n. Nuestro Se\u00f1or nos dice: Que el mayor entre vosotros sea como el m\u00e1s peque\u00f1o, y el que gobierna como el que sirve (Lc 22: 26). Me llam\u00e1is Maestro y Se\u00f1or, y ten\u00e9is raz\u00f3n, porque lo soy. Por tanto, si yo, el Se\u00f1or y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros tambi\u00e9n deb\u00e9is lavaros los pies los unos a los otros. De hecho, os he dado ejemplo, para que hag\u00e1is como yo he hecho (Jn 13: 13-15). La liturgia del Jueves Santo implica la repetici\u00f3n de ese antiguo y solemne gesto, conscientes tanto de nuestra fragilidad humana como de la inconmensurable dignidad del Sacerdocio que Cristo nos confiri\u00f3. <em>Nos autem Gloriari oportet in cruce Domini Nostri Jesu Christi<\/em>, cantaremos esta tarde en el Introito de la <em>Misa in Cena Domini<\/em>, y a la luz deslumbrante del Sacerdocio de Cristo entonaremos el <em>Gloria in excelsis <\/em>acompa\u00f1ados por el repique de las campanas, tras el silencio cuaresmal, que permanecer\u00e1n mudas hasta la Vigilia Pascual. Son peque\u00f1os destellos del cielo que consiguen devolvernos a la presencia de la Majestad divina y nos hacen contemplar las cosas del mundo <em>sub specie \u00e6ternitatis<\/em>, y por tanto verlas en su dimensi\u00f3n transitoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dos misas de hoy nos recuerdan, cada una con sus ritos antiqu\u00edsimos, la importancia y la indispensabilidad del Sacerdocio, que podr\u00edamos considerar como una especie de \u03ba\u03b1\u03b8\u1fc6\u03ba\u03bf\u03bd (2 Tes 2: 6), que frena e impide que se manifieste el Anticristo. A lo largo de la historia se identific\u00f3 con la Iglesia, con el Papado y con el Sacro Imperio Romano Germ\u00e1nico. Pero si San Pablo nos dice que el misterio de iniquidad ya est\u00e1 en marcha, pero es necesario que los que lo frenan sean eliminados (2 Tes 2: 7), podemos comprender por qu\u00e9 el Sacerdocio cat\u00f3lico se convierte en el objeto de la furia de Satan\u00e1s: sin sacerdotes no hay misa, y sin misa no hay Santo Sacrificio. Por otra parte, es el propio profeta Daniel quien nos explica c\u00f3mo, bajo el reinado infernal del Anticristo, el sacrificio perenne enmudecer\u00e1. Por lo tanto, si el Sacerdocio no constituye el \u03ba\u03b1\u03b8\u1fc6\u03ba\u03bf\u03bd, s\u00ed lo es ciertamente la Santa Misa, que est\u00e1 intr\u00ednsecamente ligada al Sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>San Agust\u00edn lo explica: La primera persecuci\u00f3n (la de los C\u00e9sares) fue violenta: para obligar a los cristianos a sacrificar a los \u00eddolos, los proscribieron, los atormentaron, los masacraron. La segunda, la actual, es insidiosa e hip\u00f3crita: herejes y hermanos desleales son sus autores. M\u00e1s adelante se producir\u00e1 otra, m\u00e1s desastrosa que las anteriores, porque a\u00f1adir\u00e1 la seducci\u00f3n a la violencia, y \u00e9sta ser\u00e1 la persecuci\u00f3n del Anticristo. A lo largo de los siglos, los fieles del Se\u00f1or han sufrido la persecuci\u00f3n de los paganos, luego la de los herejes y modernistas, y finalmente la sutil y seductora de la apostas\u00eda: primero el culto a los falsos dioses, luego el de un Dios cuya religi\u00f3n se ha adulterado en su esencia, y finalmente el de Satan\u00e1s. Y lo que se inflige a los bautizados se har\u00e1 sufrir a\u00fan m\u00e1s a los sacerdotes, mediante la seducci\u00f3n del Anticristo: fascinante en apariencia y discurso, socialmente afirmado, capaz de inducir a seguir su poder y prestigio hasta el punto de aceptar sus blasfemias y sus horrendos cr\u00edmenes. Y la Bestia abri\u00f3 su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre y de su tabern\u00e1culo y de los habitantes del cielo (Ap 13: 6). Y esto en el silencio de la autoridad: Todas las naciones acordaron obedecer (1 Mac 1: 44). Tres a\u00f1os y medio de infierno en la tierra: un tiempo que parecer\u00e1 no terminar nunca, pero que ciertamente ser\u00e1 limitado y durante el cual tendremos que afrontar &#8211; si no lo estamos haciendo ya &#8211; ese mismo sentimiento de opresi\u00f3n y asedio que sintieron los Ap\u00f3stoles en los tres d\u00edas de la Pasi\u00f3n, y que tras el descenso del Par\u00e1clito se transform\u00f3 en testimonio heroico, llev\u00e1ndoles a afrontar los tormentos del Martirio.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Velad y orad<\/em>, queridos hermanos. Estad vigilantes, permaneciendo firmes en la fe y orad al Se\u00f1or pidi\u00e9ndole que no permita que os dej\u00e9is seducir por el encanto del hombre malvado y malicioso, del le\u00f3n que vaga buscando presas que despedazar. Saquen su fuerza de Cristo y de su Sacerdocio eterno, del que ustedes son la perpetuaci\u00f3n: <em>Tu es sacerdos in \u00e6ternum<\/em> (Sal 109: 4). Es Cristo Sumo Sacerdote quien celebra la liturgia celestial, y quien desde el altar de la Cruz entona la ant\u00edfona que inicia el rito: <em>Deus, Deus meus: quare me dereliquisti?<\/em> Son las mismas palabras que leemos en el Oficio de estos d\u00edas benditos, que se hacen eco con Jerem\u00edas del dolor y el desaliento del Padre Eterno hacia la infiel Jerusal\u00e9n, y con Ezequiel de su c\u00f3lera por la traici\u00f3n de sus ministros: <em>Hijo de hombre, \u00bfves lo que hacen? \u00a1Mira las grandes abominaciones que la casa de Israel comete aqu\u00ed para apartarme de mi santuario! Ver\u00e1s otras a\u00fan peores<\/em> (Ez 8, 6). En esta terrible visi\u00f3n de Ezequiel los sacerdotes del Se\u00f1or adoran a Baal, el demonio al que se ofrecen ni\u00f1os como sacrificios: es dif\u00edcil no ver en los horrores del mundo actual la misma abominaci\u00f3n, las mismas traiciones, la misma apostas\u00eda, las mismas ofensas contra la Majestad de Dios y la misma ira del Alt\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando contemplamos el estado de la Iglesia, de nuestros seminarios, de los conventos, de las comunidades religiosas, y las consecuencias de las infidelidades de la Jerarqu\u00eda, no podemos ignorar las terribles palabras del Se\u00f1or indignado: <em>Profanad incluso el templo, llenad de cad\u00e1veres los patios<\/em> (Ez 9: 7). Es Dios mismo, en su santa ira, quien ordena a sus enemigos que lleven a cabo su venganza sobre los miembros infieles de la Iglesia, que en las c\u00e1maras secretas del templo adoran a los \u00eddolos del mundo. <em>Llenad de cad\u00e1veres los patios:<\/em> los claustros de los monasterios, las naves de las iglesias est\u00e1n sembrados de cad\u00e1veres de vocaciones perdidas, de religiosos fracasados, de fieles que han huido.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que queda es el <em>pusillus grex<\/em>, el \u03ba\u03b1\u03b8\u1fc6\u03ba\u03bf\u03bd del sacerdocio cat\u00f3lico, que ning\u00fan poder terrenal o infernal podr\u00e1 borrar jam\u00e1s de la faz de la tierra. Guard\u00e1is dentro de vosotros, en vuestra propia carne, el <em>pignus<\/em>, el tesoro dado en <em>prenda<\/em> a la Iglesia por Cristo Sumo Sacerdote: mientras teng\u00e1is la fuerza de sostener una hostia y un c\u00e1liz en vuestras manos y de pronunciar las palabras de la Consagraci\u00f3n, tendr\u00e9is el poder de renovar el Sacrificio de Cristo que ha destruido para siempre la tiran\u00eda de Satan\u00e1s sobre las almas. Mientras pod\u00e1is levantar la mano para bendecir, santificar y absolver, la obra del diablo podr\u00e1 parecer victoriosa, pero nunca podr\u00e1 prevalecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que el Anticristo &#8211; y todos sus precursores con \u00e9l &#8211; son maestros de la seducci\u00f3n. Pero la seducci\u00f3n es tambi\u00e9n corrupci\u00f3n, la capacidad de atraernos compr\u00e1ndonos, como fue comprado el Iscariote. \u00bfHas visto, hijo de hombre, lo que hacen los ancianos de la casa de Israel en la oscuridad, cada uno en la habitaci\u00f3n secreta de su propio \u00eddolo? Van diciendo: \u00abEl Se\u00f1or no nos ve; el Se\u00f1or ha abandonado la tierra\u00bb (Ez 8: 12). Pero el Se\u00f1or ve sus faltas y no abandona a la Iglesia, porque la Iglesia es su Cuerpo M\u00edstico, una parte de \u00c9l, sus miembros vivos y santos. Todo lo que caiga, todo lo que detr\u00e1s del muro parezca haberse derrumbado en su corrupci\u00f3n y sus traiciones no impedir\u00e1 la victoria final, y de hecho ser\u00e1 un incentivo para que todos permanezcamos fieles a nuestro Dios y Se\u00f1or incluso cuando el templo parezca vac\u00edo y el altar desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras los traidores y los malvados intentan esconderse de la mirada de Dios en los recovecos de sus conventos, los Disc\u00edpulos se refugian en el Cen\u00e1culo para escapar de los jud\u00edos. Los primeros conf\u00edan en las criaturas y en el mundo, del que Satan\u00e1s es el pr\u00edncipe; los segundos en el Creador y en el Redentor, el Conquistador del mundo. Permanezcamos, pues, en este Cen\u00e1culo m\u00edstico, en armon\u00eda fraterna, velando y orando junto a la Sant\u00edsima Virgen, Madre de la Iglesia y Madre del Sacerdocio, mientras pasa el \u00c1ngel exterminador. La hora de las tinieblas pasar\u00e1. Y que as\u00ed sea.<\/p>\n\n\n\n<p>+ Carlo Maria Vigan\u00f2, Arzobispo<\/p>\n\n\n\n<p>28 de marzo de 2024<\/p>\n\n\n\n<p><em>Feria V in C\u0153na Domini<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo original : https:\/\/exsurgedomine.it\/240328-chrism\/ 28 de marzo de 2024 &#8211; Traducido por Elisa Hern\u00e1ndez Msgr. 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