Artículo publicado en la Revista CIVITAS, Traducido por Elisa Hernández
Artículo publicado con la amable autorización de la Revue Civitas (Revista Civitas)

CIVITAS: Marion Sigaut, su vida no es común, porque ha estado marcada por acontecimientos sorprendentes.
Usted empezó como trotskista, luego experimentó la vida en el kibbutz y en 1991 publicó un libro titulado Du kibboutz à l’intifada (Del kibbutz a la intifada). ¿Puede explicar esta evolución y sus causas?
Marion Sigaut: ¿Primero fue trotskista? No, para nada. Empecé siendo una católica devota, hasta los devastadores acontecimientos de mayo del 68, que coincidieron – y esto explica muchas cosas – con un importante conflicto familiar que me hizo perder la cabeza. Experimenté en carne propia el cambio de los valores a los que yo que había adoptado sin creer en ellos, solo fingía creer en ellos. No debemos minimizar la necesidad que sentimos , sobre todo en la adolescencia, de ser «como los demás». Desde que Vaticano II llegó, hice lo que hicieron tantos católicos, me auto-declaré la medidora de todo y lo que yo sentía eso era el criterio. Fue una vertiginosa caída hacia el sinsentido.
Pero tengo que decir que estuve en la Jeunesse étudiante chrétienne (JEC)[1] (Jóvenes estudiantes cristianos), que fue el motor de la «revolución cultural» de mayo del 68. En septiembre de 1967, en nuestra reunión anual de vuelta al colegio (el «Centro de septiembre»), llegamos a la conclusión de que esa revolución era necesaria. (…)
Es así como me hice de izquierda. Primero católica de izquierda, luego simplemente de izquierda.
Así que usted se había alejado de la iglesia…
Sin puntos de referencia, poco a poco uno acaba por vivir de pura escalada verbal.
¿Qué sentido tiene darle la espalda al altar, abandonar el latín y utilizar guitarras eléctricas en lugar del órgano?
Pero fue el furioso arrebato de mi padre lo que más me sacudió. Perdí el equilibrio. Adopté un personaje que no era yo.
Los azares de mis andanzas me llevaron, por ver, a Israel, a un kibbutz….
Fue una revolución. Quería a esta gente con locura, e incluso yo misma quería convertirme en judía, ¡lo que les enfadó mucho! Pero necesitaba este viaje para encontrarme a mí misma.
¿Cómo se sintió cuando la izquierda llegó al poder?
En 1981 lloré de felicidad con la victoria de Mitterand. Y allí encontré de nuevo a antiguos miembros de la JEC, una auténtica fábrica de izquierdistas.
Mi decepción ante las renuncias de los socialistas me llevó a ser descubierto por los trotskistas que, en todo caso en aquella época, echaban una amplia red y engrosaban sus filas con todos los decepcionados por el socialismo. Trabajaba como secretaria en la AFP, estaba en Force Ouvrière (Fuerza obrera), y me uní a los trotskistas sin haber leído nunca a Marx y sin creer ni por un momento en la validez de la lucha de clases. La veía sólo como un aspecto del conflicto humano, ciertamente no como el alfa y el omega de las relaciones sociales. Pero al menos los trotskistas tenían herramientas analíticas coherentes y debo decir que aprendí mucho de ellos.
¿Cuál fue el factor determinante en su evolución?
Fue el estudio de la historia la que desencadenó mi evolución religiosa y política.
Cuando dejé París para trasladarme al campo tras abandonar la AFP, tropecé sin querer con el abominable nido de víboras de la res de pedocriminalidad . Fue una prueba terrible: ¿qué necesitaba descubrir? Me di cuenta enseguida de la enormidad del delito (personas que secuestraban a niños para disfrutar de su destrucción, el colmo del horror), de su alcance y de mi impotencia para hacer algo al respecto. Vacilé y un día me vi levantando el puño al cielo y gritando «¿por qué yo?”.
Era feliz, vivía como siempre había soñado, con quien yo había elegido. ¿Por qué esta repentina toma de conciencia que me privó del sueño? ¡No me atrevía a cerrar los ojos por la noche por miedo a que me acosaran las pesadillas!
Me enfrenté a la imposibilidad de hacer algo útil, al mismo tiempo que a la imposibilidad de rendirme. No podía fingir que no había visto, oído o comprendido.
Esta verdad había caído en mi regazo y tenía que hacer algo con ella.
Así que intenté comprender. Leí muchos libros (incluido Matzneff) y un día acabé en la sección de investigadores de la Bibliothèque nationale (La Biblioteca Nacional). Una amiga me convenció de que si quería continuar, tenía que volver a estudiar historia.
Al convertirse en historiadora, va a hacer toda una serie de descubrimientos.
Descubrí lo fraudulenta que era la versión de la historia que me enseñaron en la escuela. Todo lo que me había hecho rechazar en la Iglesia era una sarta de mentiras.
Después de eso, ¡las cosas sucedieron muy deprisa! Cuando te das cuenta de que te están mintiendo, tiras del hilo y todo se viene abajo. Comprendí todo a toda velocidad: las mentiras de la izquierda, la Revolución, el anticlericalismo falsamente rebautizado como «laicismo», la pedocriminalidad del Antiguo Régimen, luego vino el genocidio de la Vendée, el proceso de Luis XVI (¡una vergüenza!).
¿Qué quedaba de los abominables crímenes imputados a la Iglesia que me habían hecho decir «soy católico, pero sin la Iglesia»?
Dejar la izquierda y volver a misa eran una misma cosa: un regreso a mis raíces, a mi fe y a mi identidad destrozada.
Y es entonces que descubrirá a Civitas
Cuando llegó el «matrimonio para todos», ya sabía desde hacía unos años lo que se tramaba y me levanté en armas. Fui a absolutamente a todas las manifestaciones a favor de todos.
Tenía un amigo gay que me dijo: «Soy gay y no puedo evitarlo, soy católico y estoy absolutamente en contra del matrimonio para todos, pero francamente no puedo marchar con Escada».
¿Quién es Escada?[2] Internet me permitió conocer de lejos a este hombre parecido a Tintín, que pronunciaba discursos de una firmeza, un vigor y una virilidad que no se encontraban en ninguna otra parte. ¿No voy con Escada? Un día, para mí, fue «con Escada». Para siempre. Y en la Iglesia, en la tradición de mis padres, renové los lazos, me reencontré conmigo misma. Sé quién soy: mujer, francesa, católica. Rechazo cualquier otra definición.
¡Y una historiadora! Está librando una batalla enérgica y eficaz contra las mentiras que tanto daño nos hacen. En particular, usted está restableciendo la verdad sobre el infame Voltaire.
El erudito Maupertuis fue acosado por Voltaire por toda Europa, y murió loco porque nunca fue capaz de limpiar su honor de las abominaciones con las que este monstruo lo cubrió. Voltaire quería que se rieran de él cada vez que iba a alguna parte, y lo consiguió. Ni siquiera el rey de Prusia, que amaba y defendía a Maupertuis, logró protegerlo de la maldad de esta lengua de víbora, que tenía a toda la secta filosófica a su devoción.
Fue el excelente poeta Lefranc de Pompignan quien sucedió a Maupertuis en la Académie française[3] (Academia Francesa), y pronunció un elogio muy fino de Maupertuis en el que, por supuesto, hablaba del acoso que había sufrido, de quien nadie nombraba, pero a quien reconocían.
Le cayó un rayo. Toda la secta de la Ilustración se involucró. Voltaire a la cabeza, por supuesto, convirtiendo su vida cotidiana en tal infierno que tuvo que abandonar París, con su esposa medio loca de dolor y humillación. Nunca le permitieron sentarse en la Académie française, ni volver a ver París, donde la brillante Ilustración le había prohibido la entrada por su audacia al criticarles.
Pero estos son sólo los ejemplos más famosos: hay otros.
Y sin embargo, este Voltaire sigue siendo célebre, a pesar de que en muchos aspectos debería ser condenado por el espíritu de la época (antisemita, despreciativo del pueblo, etc.).
Hoy me parece claro que la tradición católica es lo que el sistema quiere erradicar. Los católicos somos el objetivo de estos monstruos: nuestros valores, nuestras iglesias, nuestra moral, nuestra historia… quieren borrarlo todo. Y le voy a contar un secreto: no lo conseguirán. El hecho de que personas como yo, que nos hemos empapado de izquierdismo, de la revolución sexual y del cuestionamiento de todo, bendigamos nuestra mesa en cada comida y nunca faltemos a una misa dominical es la prueba de que han fracasado.
Como historiadora, ¿cómo ve a la policía del pensamiento?
Lo que Orwell llamó la policía del pensamiento no nació con Internet y la crisis cóvid. Después de Maupertuis y Lefranc de Pompignan, vino la Revolución, con sus prohibiciones de ir a misa y su violencia contra los miembros de la Iglesia. La descristianización no hizo otra cosa que prohibir a los franceses pensar lo que pensaban y creer lo que creían. Nunca se ha detenido. Lo nuevo son los medios: en la era de Internet, ya no censuramos como hace 250 años. Pero el objetivo es el mismo: prohibir la libertad de pensamiento. Y destruir el cristianismo
Usted se ha encontrado con la policía del pensamiento una y otra vez
Me topé con ello en cuanto empecé a escribir, hace más de 35 años. Hubo una censura total durante años, durante los cuales me fue rigurosamente imposible conseguir cualquier tipo de revisión de mi trabajo.
Incluso cuando me concedieron un premio literario (el Premio Palestina Mahmoud Hamchari en 1998), no apareció ni un susurro que lo mencionara. Me pregunto si habrá algún otro ganador de un premio literario que goce de este privilegio.
¿No ha cambiado algo las cosas Internet?
Al principio, Internet parecía querer cambiar las cosas y, de hecho, fue a través de la Red como conocí a Alain Soral, a quien ofrecí mis escritos.
Me uní a su asociación Egalité et Reconciliation, y he viajado por toda Francia y más allá para dar conferencias, pero los medios de comunicación nunca me han dado la oportunidad de hablar: he sido definitivamente excluido del sistema, del que puedo prescindir a partir de ahora.
El órgano de censura más pernicioso es Wikipedia, y hasta la sonrojante denuncia de ldriss Aberkane el pasado diciembre, los ingenuos aún podían creer en la independencia de esta máquina de censurar y frenar espíritus libres, cuyo lema parece ser Primum nocere, primero hacer daño.
Usted misma ha sido víctima de esta molestia…
Por supuesto, no me sorprendió ver la malicia con la que esta agencia obligatoria de la verdad insiste en llamarme de extrema derecha, amenazar a los que me llaman historiadora y retransmitir mi trabajo sólo para decir cosas malas sobre él. Esta gente está ahí para definir la verdad oficial que se retransmitirá en todas partes, y para buscar y encontrar faltas en cualquiera que se arriesgue a socavar su verdad.
Wikipedia está ahí para calumniar y filtrar, como ilustra el último hallazgo que he hecho en la pagina sobre mí misma.
Dejé Egalite et Réconciliation en enero de 2020, hace ahora tres años. Esta ruptura fue oficializada tanto por el sitio como por mí mismo, así que no hay necesidad de que nadie lo dude..
Bueno, es imposible dar a conocer esta verdad en mi página de Wikipedia. Intentar decir que ya no hago parte de E&R es pena perdida. Un día que desahogaba mi cólera al respecto con una izquierdista que conocía bien la oficina porque había trabajado allí, me explicó que Wikipedia sólo difunde las fuentes «oficiales». Si yo he dejado E&R y el periódico Le Monde, el periódico Libe O el locutor Patrick Cohen lo dicen, está bien. Pero Soral no es considerado como una fuente suficientemente fiable y yo tampoco, así que no será una información retransmitida.
Es un hecho bien conocido que el modus operandi de Wikipedia es autoalimentarse en circuito cerrado sobre sus propias fuentes y que les importa un bledo la verdad. La verdad, en este caso, es que ya no estoy con E&R. Por lo que a ellos respecta, mientras los medios de comunicación no lo digan, yo sigo allí. Y eso es tan cierto como mi pertenencia a la extrema derecha.
[1] Jóvenes Estudiantes Cristianos, JEC, es un movimiento internacional popular y juvenil politizado en el ’68.
[2] Alain Escada, presidente de CIVITAS Internacional
[3] La Academia Francesa es la institución encargada de regular la lengua francesa. Fue fundada en 1635.
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