Articulo original : https://lesalonbeige.fr/partout-ou-jesus-christ-nexerce-pas-ce-regne-il-y-a-desordre-et-decadence
Por Michel Janva el 12 de julio de 2024 – Traducido por Elisa Hernández

De Aymeric Pourbaix en France catholique
«Todo empieza en la mística y acaba en la política». La célebre frase de Péguy describe bien la degradación de los ideales políticos, cualesquiera que sean, en maniobras políticas y demagogia. Es difícil no leer en ella un comentario sobre la situación actual, con improbables combinaciones políticas que enmascaran una incoherencia fundamental.
Pero para el escritor, este proceso procede de un desarraigo aún más profundo, el del mundo moderno, y que podría asemejarse a lo que el cardenal Pie, el gran apóstol de la Realeza Social de Cristo, dijo unas décadas antes: «Dondequiera que Jesucristo no ejerce este reinado, hay desorden y decadencia«.
El rey está desnudo
Así que tenemos que cambiar nuestro funcionamiento, porque ahora, en 2024, el rey está desnudo. Como señalaba el historiador Pierre Vermeren en Le Figaro:
«¿Cómo, en un país que ha visto media docena de insurrecciones a nivel nacional contra las políticas estatales desde 2018, podemos ignorar el sufrimiento y el creciente radicalismo de las clases trabajadoras y medias empobrecidas, que representan el 80% del electorado?»
Pero esta inseguridad no es solo económica, también es cultural y existencial. Por eso no es casualidad que el campo bretón haya expresado su desconfianza hacia el poder votando RN en las elecciones europeas. En este territorio de raíces católicas, ¿quién analizará el impacto negativo de leyes sociales, contrarias al decálogo, sobre el aborto o la eutanasia?
Jeanne-Françoise Hutin, viuda del antiguo jefe del periodico Ouest-France, hizo la siguiente declaración sobre las cuestiones relacionadas con el dar fin de la vida: «Si se aprueba la ley, devolveré mi Legión de Honor». Desde este punto de vista, los primeros ecos del Nuevo Frente Popular previendo una vuelta a los trabajos sobre este texto congelado por la disolución no son nada tranquilizadores…
En los próximos meses, dada la probable inestabilidad del Parlamento, será aún más importante que los prelados recuperen la confianza en su papel eminentemente político, en el sentido más noble del término. A este respecto, conviene releer el diálogo del 15 de marzo de 1856 entre el cardenal Pío y Napoleón III. El obispo de Poitiers pidió al Emperador que la realeza de Cristo iluminara la enseñanza y rigiera la acción de los gobiernos, en particular a través de la Constitución. Ante las objeciones del Príncipe, el prelado replicó:
— “Señor, cuando grandes políticos como Su Majestad me objetan que no ha llegado el momento, sólo tengo que inclinarme porque no soy un gran político. Pero yo soy obispo, y como obispo les respondo: ¡no ha llegado el momento de que Jesucristo reine! Pues bien, ¡ahora no es el momento de que los gobiernos duren! »
El cardenal Pío ya había comparado la situación de Francia con la del epiléptico del Evangelio, que sufre ataques y recaídas periódicas. La respuesta adecuada a esta crisis está contenida en el intercambio bíblico en el que el padre del niño grita en respuesta a la pregunta de Jesús: «¡Creo! ¡Ven al rescate de mi falta de fe! Muchas veces en la historia, la oración y la penitencia humanas han obtenido la misericordia de Dios para avanzar hacia la verdadera paz, la que trasciende la fragilidad y la volubilidad de los acontecimientos humanos.
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